Madrugar con la noticia que es tu último día, que por más que corras, el cuento no tiene un final feliz, que necesitar de otro siempre va a ser una carencia, que no existe lo que se anhela, que no se anhela sin antes imaginarlo, que imaginarlo es escapar, que escapar es afirmar que no sos feliz.Y cómo quiere uno ser feliz, si madruga con una mala noticia.

lunes, 13 de agosto de 2012

Full HD


 Soy el temor, lo siento como arena tibia en el rostro.
 Entonces empuño la espada para herir y aprieto la pluma para mentir. Me lanzo enfurecido quebrando mis dientes hacia lo turbio. La pantera permanece en la sombra respirando suave, negra, hermosa. La niña agita, la niña lesbiana y boba ruge, pobre, extasiada mientras me decido a atravesar su torso. La niña regurgita excremento y luego un fluido turquesa para terminar el cuclillas convulsionando. Yo soy la espada y soy la pluma. La pantera ríe y salta, estira sus patas golpeándome fuerte en la sien. Caigo. Continúa riendo. Sus ojos inyectados en una rabia mágica explotan y atacan a la niña desvaída  que se entrega al placer de golpes y moleduras, eyacula. La pantera llora empapada de años mares pop preparándose para aniquilar a la niña profana que viene hacia mí, desnuda, plena y pura, inocente y deforme: a veces ciega, ahora tonta; y ya mis manos lenguas quieren ser. Me tienta y lo sabe. Si tan solo una vez y última… la deseo y su boca emana turquesa. Se acerca más. Calor. Mi nariz es su pezón, creo. Algo falla y tuerce el cielo. La desesperación se contrae en mi espíritu y la espada penetra su vientre. Grita muriendo de placer y de dolor. Rápidamente salta la pantera para comerme cuando mi pluma azota en una arteria; la fiera salvaje ríe y agoniza. Vencí, he ganado aunque nada pasa. Increíble. Ellos deciden levantarse y continuar peleando mutuamente ignorándome. Siempre me ignoraron, caigo en la desilusión de que no existo, que no me reconocen como contrincante. Yo solo no soy nadie. Me diluyo. Me arrastro como serpiente en el polvo. Me hundo. Contemplo como la fiera y la niña se lastiman y gozan; cada golpe, cada paliza propiciada es digna de emoción. Huelo la saliva de las mordeduras. Resigno el tiempo en mero soporte.

domingo, 29 de julio de 2012

Ensayo, prueba y error


Es un pájaro, es un avión. No, es un OVNI. Un OVNI no significa: primero, que esté piloteado o comandado por alguien; segundo, no es necesario que sea un objeto extra-terrestre; y tercero o último primordial, por qué habría de pensar una conspiración que amenaza a la especie humana para esclavizarla y extirparle sus órganos en raptos lumínicos con despertares amnésicos. Nadie sabe con certeza, mas se pueden imaginar los chiches que hicieron de la Guerra Fría una guerra divertida a control remoto y con navecillas en bases secretas soviéticas. En el chinchudo de los casos estaríamos frente a la presencia de una especie explotada por comics y películas de science fiction. Sus transportes serían de tecnología diferente a la nuestra, no necesariamente superior si tenemos en cuenta que provienen de otro planeta con una naturaleza propia. Entonces: ¿Qué hace  a los extra-terrestres que sean (extra-terrestres)? Sigamos esta línea de pensamiento: les gusta viajar y conocer lugares nuevos, a los humanos también. Les encanta explorar el cosmos y gozar sensorialmente del paisaje que ello ofrece, a los humanos en parte también pero no tienen los medios necesarios. Entonces: ¿Qué hace  a los extra-terrestres que sean (extra-terrestres)? La casualidad, es decir, estos sujetos no son propietarios de sus naves sino que las alquilan ¿Por qué? Porque no tienen dinero, bienes o inteligencia suficiente para comprar, elaborar o permutarlas.
 Concurren a visitarnos porque les agrada apreciar este mundo. Al estar de vacaciones hacen turismo y, como cobraron el aguinaldo, alquilan un vehículo intergaláctico que permite concluir el paseo no sin antes cargar a la hembra, a los neonatos y la mascota; y para quedar bien, cargan al abuelo que pesca nubes en la ionósfera.
 Por lo visto, serían individuos inmersos en un espacio capitaliáctico devenido del descubrimiento de una estrella que, dormida en fa sostenido, se escondía un trozo más para allá del gran negro misterio pecoso.

domingo, 13 de mayo de 2012

Cuerdas




 Somos cuerdas, no es ninguna novedad, fuimos cuerdas desde siempre. Cuerdas con piernas vibrando a un determinado pulso, a esa frecuencia que al pegarnos el viento de frente nos sacude y en efecto sonamos y resonamos entre nosotros interpretando sinfonías inexistentes en las avenidas, haciendo eco en algún callejón. La música es nosotros corriendo para alcanzar el colectivo, discutiendo en los espejos de las galerías. Cuántas veces hemos sido lira, harpa, contrabajo y violín sin darnos cuenta. La brisa, la nieve y la lluvia son arcos que apenas acarician lo tibio de nuestro cabello, lo húmedo, lo nuestro.
 Soy melodía, soy silencio. Hay armonía pero no existe salvo para un árbol espectador, salvo para el pájaro oyéndonos en fatiga sin batuta, sin pentagrama y sin  ritmo.

jueves, 8 de marzo de 2012

Primer (des)amor


Un día llegué al jardín, colgué la bolsa en el perchero de la H de Helicóptero y me fui a sentar a otra mesa, solo. Sopé la Ópera en el té hasta ahogarla, me hallé inapetente. Cuando se acercaba preguntándome qué me pasaba, yo le mentía. Le quería decir algo que de algún modo, imaginaba, iba a herirla. Dije lo que me salió y se echó a llorar en el piso, vino la maestra. Fue todo un desastre.
 Con apenas cuatro años y viendo al mundo desde noventa centímetros de altura comenzaba a incurrir en el amor. Claro está que era un amor desentendido de besos, discusiones o sexo; era un amor prescindiendo de sus síntomas aunque verdadero y resguardado en un pintorcito color celeste. Fuimos novios unos cuantos meses a pesar de las quejas que imponía una compañera:- Ustedes son muy chicos para ser novios.- Nunca hicimos caso, es más, no teníamos pensado invitarla a nuestra boda (en caso de tal ágape). Contábamos con la presencia mutua a la hora de la merienda y eso trascendía cualquier instrucción.
 Qué es lo que hizo posible la unión, sin experiencias previas, entre dos criaturas ingenuas. Por qué seremos tan torpes de caer en la trampa que nos acapara el corazón hasta extasiarlo  sin ser conscientes de la pureza de los sentimientos. Quizás el primer amor es también el primer des-amor. Es el accidente inevitable del cual uno se salva justamente por no tener un seguro.
 El primer amor es como un estornudo con los ojos abiertos: increíble, fugaz, no perecedero en la memoria  de quien lo padece.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Superclásico


La paz característica entre Orden y Limpieza es tan ordinaria que solemos confundirlas. Pasamos la vida entendiendo Limpieza y Orden como dos cosas parecidas que van de la mano y planifican un día a la semana para encontrarnos en la casa haciendo dichas tareas.
 Orden es quietud, es azul y frío. Es reposo levitando el almíbar. Limpieza es caos, es soplar los libros de una biblioteca y apilonarlos analfabéticamente; es tensión e incógnita.

Velódromo, 2011

martes, 10 de enero de 2012

Bosquejo de un sueño

 Guillermina. 29 años. Nació ochomesina. Tuvo un hermano y después, y para sorpresa de muchos, tuvo una hermana. En segundo grado hizo de Remedios de Escalada. De chica quería ser veterinaria, pero el tiempo y el entorno la fueron arrimando a los números. Le encanta el relleno de las Merengadas. En fin, licenciada en administración de empresas, vive en Almagro y los fines de semana visita a su familia en Parque Leloir. Convivió con un novio algún tiempo. Hoy es dueña de Fermín, su fox terrier.
 Sin embargo Guillermina sueña. Sus sueños se parecen a las canciones de Devendra Banhart  pero con menos colores. Empiezan en el departamento donde hay música, mucha gente, luces. Fiesta. En el comedor hay un cirujano operando los recuerdos de Guillermina sobre la mesa. No hay sangre, hay más bien alaridos. De la cama aparecen cucarachas de un tamaño considerable que recorren todo el barco. En el restaurante llega un hombre de aspecto sofisticado. Una nena con vestido, dos colitas en el pelo y de rostro glacial, no puede parar de hablar de porno. Aparece un elfo vestido de sidra bailando cumbias, todos se ríen y se estiman. En el restaurante, una mesera le pregunta al hombre de aspecto sofisticado que desea tomar, responde que un vaso con agua dentro, por favor.
 Guillermina es linda y enamora en dos maniobras. Duerme tapada apenas con una sábana. Descansa.
 Una persona conocida pero irreconocible toca el piso. Blanco. Por culpa del cirujano todos se disfrazan de recuerdo. En el restaurante una señora gorda y muy maquillada se sienta en la mesa junto al hombre de aspecto sofisticado. La madre se había encerrado en el baño con un hacha diciéndole a Guillermina que pidiera perdón y que no le contestara nunca más. Ruidos provienen del placard. Guillermina ve una puerta de madera cerrada. Ruidos provienen del Placard. Guillermina ve la puerta de madera cerrada que es la del baño de su casa. Ruidos provienen del placard. Guillermina – puerta de madera – baño – madre grita y llora.
 Guillermina es fea y nadie la quiso nunca. Da media vuelta, siente secos sus labios. Descansa.
 Se abre el placard, una tribu de indios caníbales confunde a los humanos con las cucarachas comiéndose a estas últimas. Todo un gesto de lucidez. En el restaurante, el hombre de aspecto sofisticado bebe vino mirando al más acá mientras que a  la señora gorda y muy maquillada se le caen trozos de comida a medio mascar de su boca. Accidentalmente, el cirujano añade un caracol en los recuerdos de Guillermina y Guillermina se sueña a sí misma  en la calle levitando a casi dos metros del suelo como buceando en el aire. Hace ring – raje, pero la huida es lerda y se fatiga intentado doblar la esquina. La fiesta está terminando.
 Guillermina transpira, se siente sofocada por el calor y despierta sin recordar nada. Se levanta con ganas de hacer pis. Cruzando la puerta del baño siente un cosquilleo en la espalda.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente

 Era una obsesión. Tenía sus ojos, su torpeza y sus cromos. Me di cuenta que era obsesión una tarde que, como un ensordecedor ruido de tren, su rostro fue acercándose a mi mente una vez, después otra y otra hasta que formó parte de mi ceguera. Era una obsesión que andaba en alpargatas y vestía como artista, o sea, como se le cantaba. Se reía a carcajadas con la boca abierta sin miedos y hacía caras que no podían merecer palabras, solo sentimientos. Eran emociones-rehenes. Eran sus cejas y pómulos condicionando todos mis modales a la vez. También me di cuenta que era obsesión su música.
Me hallaba inmensamente cómodo en el color de las uñas, pero al mirarle las manos escuché a todo el mundo gritar su nombre y desvié la mirada. Me asusté.
 La voz era melodía, su imaginación era el viento mismo. Entonces yo era espectador y era frágil.
¡Su pelo!
  Era gracioso pensar que esa obsesión tenía su obsesión a la vez, independiente a la mia; era (la idea de) una heroína de celuloide.
 Esa obsesión es papel. Ahora emerge la incertidumbre de saber si puedo convalecerla o no, si el papel la somatiza o la saca a pasear por la frontera de la locura. Pero esta es otra obsesión, ya.