Somos
cuerdas, no es ninguna novedad, fuimos cuerdas desde siempre. Cuerdas con
piernas vibrando a un determinado pulso, a esa frecuencia que al pegarnos el
viento de frente nos sacude y en efecto sonamos y resonamos entre nosotros
interpretando sinfonías inexistentes en las avenidas, haciendo eco en algún callejón.
La música es nosotros corriendo para alcanzar el colectivo, discutiendo en los
espejos de las galerías. Cuántas veces hemos sido lira, harpa, contrabajo y
violín sin darnos cuenta. La brisa, la nieve y la lluvia son arcos que apenas
acarician lo tibio de nuestro cabello, lo húmedo, lo nuestro.
Soy melodía, soy silencio. Hay armonía pero no existe salvo para
un árbol espectador, salvo para el pájaro oyéndonos en fatiga sin batuta, sin
pentagrama y sin ritmo.
Madrugar con la noticia que es tu último día, que por más que corras, el cuento no tiene un final feliz, que necesitar de otro siempre va a ser una carencia, que no existe lo que se anhela, que no se anhela sin antes imaginarlo, que imaginarlo es escapar, que escapar es afirmar que no sos feliz.Y cómo quiere uno ser feliz, si madruga con una mala noticia.
domingo, 13 de mayo de 2012
jueves, 8 de marzo de 2012
Primer (des)amor
Un día llegué
al jardín, colgué la bolsa en el perchero de la H de Helicóptero y me fui a
sentar a otra mesa, solo. Sopé la Ópera
en el té hasta ahogarla, me hallé inapetente. Cuando se acercaba preguntándome
qué me pasaba, yo le mentía. Le quería decir algo que de algún modo, imaginaba,
iba a herirla. Dije lo que me salió y se echó a llorar en el piso, vino la
maestra. Fue todo un desastre.
Con apenas cuatro años y viendo al mundo desde
noventa centímetros de altura comenzaba a incurrir en el amor. Claro está que
era un amor desentendido de besos, discusiones o sexo; era un amor
prescindiendo de sus síntomas aunque verdadero y resguardado en un pintorcito
color celeste. Fuimos novios unos cuantos meses a pesar de las quejas que
imponía una compañera:- Ustedes son muy chicos para ser novios.- Nunca hicimos
caso, es más, no teníamos pensado invitarla a nuestra boda (en caso de tal
ágape). Contábamos con la presencia mutua a la hora de la merienda y eso
trascendía cualquier instrucción.
Qué es lo que hizo posible la unión, sin
experiencias previas, entre dos criaturas ingenuas. Por qué seremos tan torpes
de caer en la trampa que nos acapara el corazón hasta extasiarlo sin ser conscientes de la pureza de los
sentimientos. Quizás el primer amor es también el primer des-amor. Es el
accidente inevitable del cual uno se salva justamente por no tener un seguro.
El primer amor es como un
estornudo con los ojos abiertos: increíble, fugaz, no perecedero en la
memoria de quien lo padece.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Superclásico
La paz
característica entre Orden y Limpieza es tan ordinaria que solemos
confundirlas. Pasamos la vida entendiendo Limpieza y Orden como dos cosas
parecidas que van de la mano y planifican un día a la semana para encontrarnos
en la casa haciendo dichas tareas.
Orden es quietud, es azul y frío. Es reposo
levitando el almíbar. Limpieza es caos, es soplar los libros de una biblioteca
y apilonarlos analfabéticamente; es tensión e incógnita.
Velódromo,
2011
martes, 10 de enero de 2012
Bosquejo de un sueño
Guillermina. 29 años. Nació ochomesina. Tuvo
un hermano y después, y para sorpresa de muchos, tuvo una hermana. En segundo
grado hizo de Remedios de Escalada. De chica quería ser veterinaria, pero el
tiempo y el entorno la fueron arrimando a los números. Le encanta el relleno de
las Merengadas. En fin, licenciada en
administración de empresas, vive en Almagro y los fines de semana visita a su
familia en Parque Leloir. Convivió con un novio algún tiempo. Hoy es dueña de
Fermín, su fox terrier.
Sin embargo Guillermina sueña. Sus sueños se parecen a las canciones de Devendra Banhart pero con menos colores. Empiezan en el departamento donde hay música, mucha gente, luces. Fiesta. En el comedor hay un cirujano operando los recuerdos de Guillermina sobre la mesa. No hay sangre, hay más bien alaridos. De la cama aparecen cucarachas de un tamaño considerable que recorren todo el barco. En el restaurante llega un hombre de aspecto sofisticado. Una nena con vestido, dos colitas en el pelo y de rostro glacial, no puede parar de hablar de porno. Aparece un elfo vestido de sidra bailando cumbias, todos se ríen y se estiman. En el restaurante, una mesera le pregunta al hombre de aspecto sofisticado que desea tomar, responde que un vaso con agua dentro, por favor.
Guillermina es linda y enamora en dos maniobras. Duerme tapada apenas con una sábana. Descansa.
Una persona conocida pero irreconocible toca el piso. Blanco. Por culpa del cirujano todos se disfrazan de recuerdo. En el restaurante una señora gorda y muy maquillada se sienta en la mesa junto al hombre de aspecto sofisticado. La madre se había encerrado en el baño con un hacha diciéndole a Guillermina que pidiera perdón y que no le contestara nunca más. Ruidos provienen del placard. Guillermina ve una puerta de madera cerrada. Ruidos provienen del Placard. Guillermina ve la puerta de madera cerrada que es la del baño de su casa. Ruidos provienen del placard. Guillermina – puerta de madera – baño – madre grita y llora.
Guillermina es fea y nadie la quiso nunca. Da media vuelta, siente secos sus labios. Descansa.
Se abre el placard, una tribu de indios caníbales confunde a los humanos con las cucarachas comiéndose a estas últimas. Todo un gesto de lucidez. En el restaurante, el hombre de aspecto sofisticado bebe vino mirando al más acá mientras que a la señora gorda y muy maquillada se le caen trozos de comida a medio mascar de su boca. Accidentalmente, el cirujano añade un caracol en los recuerdos de Guillermina y Guillermina se sueña a sí misma en la calle levitando a casi dos metros del suelo como buceando en el aire. Hace ring – raje, pero la huida es lerda y se fatiga intentado doblar la esquina. La fiesta está terminando.
Guillermina transpira, se siente sofocada por el calor y despierta sin recordar nada. Se levanta con ganas de hacer pis. Cruzando la puerta del baño siente un cosquilleo en la espalda.
Sin embargo Guillermina sueña. Sus sueños se parecen a las canciones de Devendra Banhart pero con menos colores. Empiezan en el departamento donde hay música, mucha gente, luces. Fiesta. En el comedor hay un cirujano operando los recuerdos de Guillermina sobre la mesa. No hay sangre, hay más bien alaridos. De la cama aparecen cucarachas de un tamaño considerable que recorren todo el barco. En el restaurante llega un hombre de aspecto sofisticado. Una nena con vestido, dos colitas en el pelo y de rostro glacial, no puede parar de hablar de porno. Aparece un elfo vestido de sidra bailando cumbias, todos se ríen y se estiman. En el restaurante, una mesera le pregunta al hombre de aspecto sofisticado que desea tomar, responde que un vaso con agua dentro, por favor.
Guillermina es linda y enamora en dos maniobras. Duerme tapada apenas con una sábana. Descansa.
Una persona conocida pero irreconocible toca el piso. Blanco. Por culpa del cirujano todos se disfrazan de recuerdo. En el restaurante una señora gorda y muy maquillada se sienta en la mesa junto al hombre de aspecto sofisticado. La madre se había encerrado en el baño con un hacha diciéndole a Guillermina que pidiera perdón y que no le contestara nunca más. Ruidos provienen del placard. Guillermina ve una puerta de madera cerrada. Ruidos provienen del Placard. Guillermina ve la puerta de madera cerrada que es la del baño de su casa. Ruidos provienen del placard. Guillermina – puerta de madera – baño – madre grita y llora.
Guillermina es fea y nadie la quiso nunca. Da media vuelta, siente secos sus labios. Descansa.
Se abre el placard, una tribu de indios caníbales confunde a los humanos con las cucarachas comiéndose a estas últimas. Todo un gesto de lucidez. En el restaurante, el hombre de aspecto sofisticado bebe vino mirando al más acá mientras que a la señora gorda y muy maquillada se le caen trozos de comida a medio mascar de su boca. Accidentalmente, el cirujano añade un caracol en los recuerdos de Guillermina y Guillermina se sueña a sí misma en la calle levitando a casi dos metros del suelo como buceando en el aire. Hace ring – raje, pero la huida es lerda y se fatiga intentado doblar la esquina. La fiesta está terminando.
Guillermina transpira, se siente sofocada por el calor y despierta sin recordar nada. Se levanta con ganas de hacer pis. Cruzando la puerta del baño siente un cosquilleo en la espalda.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente
Era una obsesión. Tenía sus ojos, su torpeza y sus cromos. Me di cuenta
que era obsesión una tarde que, como un ensordecedor ruido de tren, su rostro
fue acercándose a mi mente una vez, después otra y otra hasta que formó parte
de mi ceguera. Era una obsesión que andaba en alpargatas y vestía como artista,
o sea, como se le cantaba. Se reía a carcajadas con la boca abierta sin miedos
y hacía caras que no podían merecer palabras, solo sentimientos. Eran
emociones-rehenes. Eran sus cejas y pómulos condicionando todos mis modales a la
vez. También me di cuenta que era obsesión su música.
Me hallaba inmensamente cómodo en el color de las uñas, pero al mirarle las manos escuché a todo el mundo gritar su nombre y desvié la mirada. Me asusté.
La voz era melodía, su imaginación era el viento mismo. Entonces yo era espectador y era frágil.
¡Su pelo!
Era gracioso pensar que esa obsesión tenía su obsesión a la vez, independiente a la mia; era (la idea de) una heroína de celuloide.
Esa obsesión es papel. Ahora emerge la incertidumbre de saber si puedo convalecerla o no, si el papel la somatiza o la saca a pasear por la frontera de la locura. Pero esta es otra obsesión, ya.
Me hallaba inmensamente cómodo en el color de las uñas, pero al mirarle las manos escuché a todo el mundo gritar su nombre y desvié la mirada. Me asusté.
La voz era melodía, su imaginación era el viento mismo. Entonces yo era espectador y era frágil.
¡Su pelo!
Era gracioso pensar que esa obsesión tenía su obsesión a la vez, independiente a la mia; era (la idea de) una heroína de celuloide.
Esa obsesión es papel. Ahora emerge la incertidumbre de saber si puedo convalecerla o no, si el papel la somatiza o la saca a pasear por la frontera de la locura. Pero esta es otra obsesión, ya.
martes, 30 de agosto de 2011
Caspa
Es sabido que
Las Poesías gozan de pésima gravedad. A ellas les encanta ir y venir, levitar,
volar por todas partes desobedeciendo modales y techos. Tal es así, que Las
Nubes comenzaron a quejarse, renegando, que las depravadas Poesías, cuando
pululan por los cielos, les muerden las nalgas. Las Estrellas
avergonzadas lloran de cólera cada noche cuando Las Poesías arriban
embriagadas rimando en grupo y haciendo ruidos extraños e insinuando ideas pícaras,
desentablando, así, discusiones violentas y absurdas. Nadie se imagina como
logran distraer a Los Cometas, pero estos siempre que las ven salen de su
trayectoria habitual, se creen canicas y empiezan a rodar por el universo
poniendo locos a los astrónomos que los estudian. En este contexto se escribió
la siguiente carta:
De vuestra consideración:
Es nuestro deber informar que dado a los comportamientos incatalogables de Las
Poesías hemos sancionado las siguientes medidas. A saber:
I)
La altura límite máxima establecida y permitida para el vuelo de una poesía es
de no más de setenta y un kilómetros. Aceptando un margen de tolerancia de un
cuarto de la unidad anteriormente citada.
II)
Cualquier impropicio para con los astros será vigorosamente multado con penas
que van desde los diez hasta la totalidad de caracteres tachados (espacios
incluidos).
III)
La estadía de las poesías no podrá superar, bajo ningún tipo de circunstancia,
siete horas consecutivas. De lo contrario se aprehenderán a todas aquellas que
así lo hagan y se procederá a retarlas de modo severo.
IV)
El Cielo se reserva el derecho de admisión.
Saludos cordiales.
A.D.A.U (Asociación De Astros Universales)
La respuesta
por parte de Las Poesías no se dejó esperar.
Estimados contertulios:
Nos encontramos íntimamente deprimidas por su manifestación, cual mar sin peces.
Varias de nosotras están convaleciendo en libros de Copérnico. Su decisión nos
ha devastado. Es que forma parte de nuestro comportamiento volar, sonreír y
salpicar con nuestras letras a los astros. Sentimos emociones muy intensas cada
vez que vibramos en el cielo planeando sin rumbo, como para dejar de hacerlo.
Porque con cada viaje creamos mermeladas de colores y melodías y porque en cada vuelo nos sentimos plenas y
libres. Hemos decidido, como siempre, perseguir los productos de nuestra
imaginación y enhebrar nuevos senderos en otras geografías. Han entendido
perfectamente. Nos mudamos del planeta.
Epifanías para todos.
Las Poesías
lunes, 6 de junio de 2011
Estima
Resulta que uno tiene la maña de tomarle cierto cariño a las
cosas y no estoy hablando de ese cariño que alguna vez explicó la maestra de
quinto grado, me refiero a sentirse como la mierda cuando se entra a ese lugar
y le han ocupado el asiento y el asiento donde uno va cuando el primer asiento
está ocupado. En síntesis, el ambiente está lleno y uno no puede sentarse a
gusto. Lo que se cataloga como "un bajón". Hasta que se desocupa el
asiento y la silla parece llamarnos, gritar nuestro nombre y llega gente
sentándose en otros lugares invitándonos indirectamente a apoyar la nalgas
donde siempre, pero ya es tarde, porque hemos intimado, nos gusta como el sol
pasa por esa ventana, nos entretiene ver las mismas cosas desde otro ángulo y
ya no queremos ir a sentarnos en aquella silla que está sola y vacía
esperándonos.
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